NUESTRO PADRE FUNDADOR

Orígenes
Nuestro padre fundador, Pedro Martínez Cano, nació el 18 de febrero de 1914 en
Rincón de Beniscornia, Murcia (España). Sus padres fueron Joaquín Martínez y Josefa
Cano. En su niñez tuvo contacto con los Padres Franciscanos y con los Jesuitas de San
Jerónimo, convento muy cercano a su casa.
Ingresó en la Compañía de Jesús en el año 1929. Viajó y trabajó
apostólicamente en varios países de América Latina, donde percibió las grandes
necesidades espirituales y humanas que más tarde habían de impulsarle a una opción por
los más pobres y marginados.
En 1971 fundó la Congregación Religiosa femenina "Amistad Misionera en
Cristo Obrero" -AMICO-, que nace de la necesidad de vivir más evangélica y
radicalmente la Vida Religiosa en virginidad, pobreza y obediencia, así como llevar el
evangelio de Cristo a los sectores sociales y económicos más débiles.
Nuestro padre fundador era un hombre de ardiente celo apostólico, misionero
incansable en sus últimos años de vida, apasionado por la gloria de Dios y por la
edificación de su Reino. Siempre dando el "magis" (más) ignaciano sin
condiciones y en cada momento.
Murió en Guatemala el 7 de diciembre de 1980. Los padres jesuitas de Guatemala
lo consideran mártir, no sólo por su muerte violenta, sino por la entrega infatigable,
ardiente y ejemplar día a día entre los más pobres y marginados. Su fotografía está
en el centro de la Sala de los Mártires de Guatemala, en la Conferencia de
Religiosos, como fiel testimonio de lo que fue su vida: un auténtico martirio para la
mayor gloria de Dios.
Su espiritualidad
1. Cristo centro de su existencia
Como buen jesuita, apóstol celoso del Evangelio, nuestro Padre tenía a Cristo
en el centro de su existencia. Nuestra espiritualidad será ante todo
cristocéntrica: que arranque de Cristo y después progresivamente nos transforme en su
imagen. Todo por Él, con Él y en Él sea la fórmula y realidad vital. (Esp. Hoy,
pág. 33)
2. La locura de la Cruz
Esta es una línea fundamental de la espiritualidad de nuestro Padre. Nos dice:
Creo sinceramente que un cristiano no llega a la madurez hasta que no ha aprendido a
mirar, a contemplar la cruz, mejor, al Crucificado, que viene a ser la clave de nuestros
grandes enigmas. Ante esta Cruz, ante este Crucificado humillado y obediente hasta la
muerte, se desfondan nuestras rebeldías y suficiencias.
3. El Tono Heroico
Quien no ha sentido el escalofrío de lo heroico no pertenece a la raza
humana, sino que es un subproducto de los moluscos.
El heroísmo es el clima que se respira en el evangelio y que Jesús no
solamente vive, sino que envuelve a los que le rodean.
El tono heroico sintetiza nuestra espiritualidad cristocéntrica, apostólica,
encendida en el fuego del espíritu de las bienaventuranzas; de abnegación, de renuncia,
de configuración con Cristo muerto y resucitado.
4. El Más y Mejor: El Supremo Agrado de Cristo
Yo hago siempre lo que a Él le Agrada (Jn. 8,29).
El Supremo Agrado de Cristo o MAGIS ignaciano estuvo siempre
muy vivo en el corazón del Padre, era la norma de su actuar y trató de inculcarlo no
sólo en AMICO, sino a cuanto se dirigían espiritualmente con él.
Un hombre que lo dio todo por los pobres
El Padre tenía un gran celo apostólico y misionero. Pasó largas temporadas
con las primeras hermanas, no sólo instruyéndolas y ayudándolas a hacer
estilo propio de AMICO en misión, sino metido de lleno con aquellas
pobrísimas gentes que le quisieron y valoraron mucho, y a las que atendía y evangelizaba
con gran celo apostólico y sin descanso, siendo un hermoso ejemplo para todas nosotras, y
por las que se interesaba a todos los niveles: humano, social, moral y espiritual.
Visitaba a la gente, se interesaba por los enfermos y trataba de ayudarlas
cuanto podía, atendía especialmente a los más solos, pobres y desamparados.
Cuado tenía que ir a España, recordaba con nostalgia aquellos días felices pasados
entre las periferias del Reino: los más pobres, que él decía, le evangelizaban y con
los que quisiera vivir siempre.
Para ayudar a la gente quería que lo abarcásemos todo: educación, salud,
nutrición, pastoral de todo tipo, catequesis, etc., para promocionar a la gente y
ayudarla del mejor modo posible. Pendiente siempre de las personas, se despertaba cuando
alguien pedía ayuda de noche, e incluso nos acompañaba a atender los enfermos o
parturientas a altas horas de la madrugada. También nos ayudaba a curar y en todo cuanto
fuese necesario. (Extractos del libro Recuerdos).
Catequizaba, ayudaba a niños y adultos en la alfabetización, daba de comer a
los hambrientos, se esmeró en construir los Centros de Nutrición para los niños de
Nicaragua y Santo Domingo. Y es que nuestro Padre Fundador no cesaba de preocuparse por
los demás, no paraba.
Su celo misionero se vio coronado con la corona del martirio en la comunidad de
Jalpatagua, Guatemala, donde expresó alguna vez:
Por sentimiento de honradez
me quedaría definitivamente por estas tierras, pero eso lo dejo para el viaje siguiente.
Aquí sobra miseria de todas clases, y, desde luego, tierra para que le entierren a uno.
Merece la pena seriamente. |